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Templo

La Iglesia de San Juan es una de las cuatro parroquias principales erigidas por los reyes católicos en Málaga tras la toma de la ciudad en 1487 (ya en 1490 se la cita, sin especificar a que santo se dedica). Desde el punto de vista urbanístico, el ámbito de influencia de la parroquia sería la zona eminentemente comercial de la antigua muralla Sur. Su advocación, al igual que la de las otras tres grandes iglesias, responde a motivos religiosos e ideológicos, que en el caso de San Juan podría deberse a la devoción que los propios reyes profesaban a los Santos Juanes (en un primer momento se la creía dedicada a S. Juan Evangelista, pero un documento de donación de 1726 especifica la advocación al bautista)

Respecto a su construcción, en origen constaba de dos naves (la mayor y una colateral) sostenidas por pilares de planta cuadrada achaflanada, arquerías apuntadas góticas, elementos mudéjares y una torre terminada en 1543 sobre una antigua atalaya morisca. En 1554, por encargo del prelado Bernardo Manrique se acomete la primera gran reforma del templo bajo las directrices del maestro mayor de la catedral Diego de Vergara. Las obras consistirán en la prolongación de la nave central y la sustitución de los elementos de soporte góticos por arcadas de medio punto sobre pilares. Además se construye una tribuna a los pies de la nave mayor y la armadura de lazo de madera proyectada y realizada por Bartolomé Delgado.

Ya en el seiscientos y más concretamente en 1620, se levantan la sacristía, la segunda nave colateral y la capilla mayor bajo la dirección del entonces arquitecto de la catedral Pedro Díaz de Palacios, el cual también proyecta una nueva bóveda de medio cañón para la cubrición de la nave central que ocultará la armadura mudéjar preexistente. En 1680, el terremoto que asola la ciudad el 9 de Octubre, causa numerosos daños en la iglesia entre los que destaca la destrucción de la torre.

Por ello y como muestra el escudo del obispo Diego González de Toro (1726-1734) situado en la clave del arco toral, durante la primera mitad del siglo XVIII se acometerán numerosas reformas que afectarán sobre todo al ornato interior del templo. El estilo será el barroco tradicional a través de molduras quebradas de formas triangulares y decoración vegetal que en la bóveda de la nave central llegarán a su máxima expresión. Por otro lado, a partir de la segunda mitad del siglo se adecuarán y reformarán las diferentes capillas de las naves laterales, en su mayoría promovidas por las cofradías establecidas en la iglesia.

interior san juan
Interior del templo. Fuente: Nombre del reportero gráfico
Con anterioridad a 1763 comienzan a darse los primeros pasos para la construcción de la nueva torre, la cual se demorará en el tiempo hasta finales de siglo. Desde su terminación se convertiría en el elemento principal del templo. Su original composición a modo de torre-pórtico dotará a este elemento de un carácter dominante dentro de la imagen de la iglesia. De planta cuadrada y fuste de tres cuerpos, que le otorgan gran esbeltez y monumentalidad, sus muros abombados y enmarcados entre pilastras sesgadas conforman un perfil mixtilíneo de gran movimiento y ligereza. En el basamento de sillares de piedra o cuerpo inferior, se dispone el pórtico de entrada de la nave de la epístola, abierto por un gran arco de medio punto entre pilastras cajeadas, puntas de diamantes en las enjutas y cubierto por bóveda elíptica. En el testero frontal se dispone la sencilla portada, centrada por la imagen se San Juan Bautista, que da paso a la iglesia. Se corona la torre con un chapitel piramidal rematado por un pequeño templete a modo de linterna. Su estructura interior de similares características a la de las torres de la Catedral, así como la cronología y su elegante diseño, hacen pensar en que la autoría del proyecto podría pertenecer al arquitecto Antonio Ramos, encargado de dirigir las obras catedralicias (primero como aparejador y finalmente como maestro mayor) hasta su muerte en 1782.

Mención a parte merece el proyecto realizado, pero nunca materializado, por José Martín de Aldehuela en 1790 para la ampliación de la cabecera con un cuerpo trebolado similar a los llevados a cabo en la basílica de la Victoria y la iglesia de los Santos Mártires, aunque con una mayor suavidad en la curvatura de los muros que lo acercan a obras conquenses del mismo autor. Finalmente, a principios del XIX se acometen obras en la capilla mayor, conformando el aspecto que conocemos en la actualidad, salvo por el retablo principal que es obra actual (Miguel García Navas-1960) y viene a sustituir al desaparecido durante los disturbios del 31, de aspecto marmóreo (en el mismo se encontraban las imágenes de los santos Juanes flanqueando la hornacina principal). Hoy en día preside la hornacina central del retablo la imagen del crucificado de la Veracruz y tras la restauración culminada en el año 2009, se han colocado una serie de obras artísticas en este espacio, provenientes de otros lugares del templo, entre las que destaca la imagen escultórica del Buen Pastor obra de los talleres de Félix Granda.

Respecto a los exteriores de la iglesia, destacan las pinturas esgrafiadas de las fachadas, de carácter geométrico y muy coloristas en la principal y con elementos arquitectónicos en la del lado de la Epístola (estas últimas se encuentran prácticamente destruidas) pertenecientes igualmente al siglo XVIII.